14 junio 2007

Bob Dylan fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias
Maestro. El músico viene marcando su tiempo desde hace más de 40 años
Henry Segura
"Es un mito viviente de la música popular". Así fue presentado ayer Bob Dylan por parte del jurado que le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Curiosa manera de definir a quien siempre ha querido escapar de las leyendas.
Claro que los mitos y las leyendas son construidos por las personas. Por eso también el jurado del galardón asturiano siguió argumentando: "Austero en las formas y profundo en los mensajes, Dylan conjuga la canción y la poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de muchos millones de personas". Y con gran precisión lo visualiza como "faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo".
Pero además el caminante eterno que un día compuso Like a rolling stone, es juzgado por combinar magistralmente "la belleza de su poesía y el compromiso ético". Dos virtudes que le transformaron en un legado que desde los años 60 pasa de una generación a otra.
En todo eso y en la oportunidad de darle el premio, el jurado del Príncipe de Asturias ha tomado una decisión que millones de personas aplaudirán. Sobre todo cuando el nombre de Dylan apareció varias veces, con más deseos que certezas, entre los postulados para el Nobel de Literatura.
En Oviedo la calidad literaria del músico fue recordada ayer más de una vez. Pionero en la introducción de la literatura en la música popular y en fusionar los ritmos de origen europeo y afroamericanos, la carrera de Dylan marcó de manera decisiva la de generaciones de músicos posteriores. No es un hecho casual que el artista desde el vamos cambiara su verdadero apellido (Zimmerman) por el de Dylan, en homenaje al poeta británico Dylan Thomas.
Lanzó su primer disco en 1961, y vendió dos millones de copias. Ese año también fue el del encuentro con Woody Guthrie, el gran maestro de la canción contestataria estadounidense y una de las influencias reconocidas por Dylan.
Apenas un año después se edita The frewheelin, el disco que contenía Blowing in the Wind. Esa búsqueda de "respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos", ayer fue recordada también por el jurado que le otorgó el premio como fiel reflejo del espíritu de una época que, en sus valores esenciales, sigue vigente.
Pero si algo ha caracterizado a Dylan es su vocación por el cambio. Tras ser encumbrado como símbolo de la canción de protesta, cortó amarras con el folk y se embarca en la corriente rockera haciendo historia con la mencionada Like a rolling stone. La misma inquietud lo lleva a escribir el libro Tarántula, mientras se encuentra convalesciente de un accidente de moto, y después a iniciarse en el cine, colaborando con Sam Peckinpah (Billy the Kid, donde se encuentra la notable Knocking on Heaven`s door) y años después con Martin Scorsese (El último rock).
Entre los varios giros de su vida, la conversión al catolicismo y consecuente abandono de las creencias judías no solamente provocó un sacudón social, sino que fue acompañada por tres discos (Slow train coming de 1979, Saved de 1980 y Shot of love de 1981) donde lo religioso anidó en su poesía.
En los últimos años, Dylan es referencia para varios cineastas (Scorsese, Todd Haynes), mientras sigue mostrando su fertilidad con nuevos discos. El último: Modern Times.
Sucesión: El músico recibirá el premio que recientemente ganaron Almodóvar y Allen

Fuente: elpaís.com.uy

Bob Dylan en Roma, The Times They Are A-Changin'

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